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21 de febrero de 2013

Cuando es diferente a lo que esperas


Llegó el momento. Estás preparada. Durante nueve meses, cada día y cada noche has soñado con el nacimiento. Tenerlo en brazos nada más nacer. Sentir cómo se abre tu cuerpo a la vida y dando vida. Pero... Algo no va como planeaste. Y aparece una herida en tu cuerpo que cicatriza relativamente fácil. Y además, una emocional, que nuestra cultura y sociedad se niegan a ver. No tienes idea a quién hablar de esa sensación instalada en tu interior. Quieres estar feliz, llena de alegría, pones todo tu empeño en hacerlo, pero no lo consigues. Los de alrededor entienden poco lo que llevas dentro. Piensan que estás bien, y tu bebé también, ¿qué más puedes desear?

Pues comprender tu dolor, qué es lo que no funcionó. Si otras personas reciben a su bebé y no necesitan bisturí, ¿qué hay diferente en ti? La respuesta se convierte en un camino, que consigue cicatrizar la herida que sólo tú notas. Y que una vez limpiada, tratada, y cicatrizada, permitirá que ese disfrute que parecía negado, se manifieste en todo su esplendor con tu bebé.

Te invito a descubrir el nacimiento a una nueva vida, en la conferencia que tenemos el día dos de marzo, con la participación de Emilio Santos Leal, (ginecólogo), Laura Moya (matrona) y Teresa García (psicóloga).

Teresa García.

23 de marzo de 2012

Madre-bebé

Como psicóloga, terapeúta, y sobre todo como persona, estoy continuamente aprendiendo. Y es un tema muy interesante la relación madre-bebé, pero sobre todo cómo percibe el bebé algunas situaciones y emociones, que hasta el momento la ciencia no sabe explicar. Sin embargo los hechos las muestran y por lo tanto las tengo en cuenta.

Winnicott fue un psicólogo entrenado en psicoanálisis y trabajó con niños y niñas durante mucho tiempo. Uno de los casos que cuenta que atendió me permite desarrollar perplejidad. En 1920 estaba trabajando en Finlandia, en un hospital ortopédico. Allí atendió a un niño de unos siete años que había sido operado en varias ocasiones y que necesitaría varias operaciones más. El niño padecía una deformidad en los dedos de las manos y los piés, los tenía unidos. Durante la sesión le explicó que estaba dispuesto a todas las operaciones que fueran necesarias, pero que el necesitaba que le quisieran "antes de las operaciones". Que le quisieran con sus pies y manos "palmeados". Insistió bastante el peque en que le quisieran "tal como era".

Más tarde, la madre le contó que con cada bebé que nacía, ella pasaba el embarazo con miedo a que heredara la deformidad (la madre tenía las manos y piés así). Y que los demás hijos habían nacido bien, pero cuándo nació éste en particular y vio sus manos y piés le rechazó instantáneamente. Le odió mucho y pidió que lo retiraran de ella. Durante media hora o más tiempo no quiso verlo. Pero después pensó que con cirujía su hijo podría ser "normal" y por lo tanto empezó a quererlo. Así que le quería incluso más que a los otros hijos, pero después de convencerse de que su hijo sería normal con cirujía.

Al leer este caso, me parece interesante que el niño justo tuviera la necesidad de ser amado como era antes de las operaciones, porque justo eso es lo que su madre rechazó, pero él no tenía modo de saberlo; o tal vez sí, pero la ciencia aún no tiene avance suficiente para explicarlo...

Teresa García.
Psicóloga.

9 de marzo de 2012

No soporto a mi madre!!!


La maternidad es un nuevo florecer, uno que se asemeja mucho a una "visita sorpresa". Un sobre cerrado, que una vez abierto, es difícil cerrar. Muchas personas no tienen idea de qué van a encontrar allí. Y como todas las sorpresas, a veces son positivas, pero otras veces no tanto.

En una etapa en la que es muy importante el apoyo de la familia cercana, tanto durante el embarazo, como durante los primeros años de vida de los bebés, muchas mujeres encuentran sentimientos que no saben con quién podrán compartir. Mi abuela decía que la mujeres embarazadas, y en pueperio podían "aborrecer" a tal extremo a algunas personas, que no podían ni "verlas". Entre esas personas nombraba al marido, y a la madre. Ella lo justificaba, decía que "son cosas" de esa etapa.
Como niña me parecía "raro", aunque ahora cómo adulta y profesional de la psicología, comprendo que es algo un "pelín" más complicado que la revolución hormonal.

Me resulta muy frecuente encontrar personas que han tenido una relación difícil con sus progenitores, mientras fueron pequeñas. Crecieron y en unos casos "hicieron las paces" con ellos. Otras veces simplemente ese tema se ocultó bajo la alfombra. Pero durante el embarazo y el puerperio, no soportan a la persona con la que a nivel razonativo ha "resuelto" el "trauma infantil".

Entonces florecen emociones que no saben cómo gestionar. Además la cultura les ha inculcado que las madres y padres son personas dignas a las que hay que respetar. Si a una niña, a un niño, se le "ocurría" decir que su padre/madre, es "malo", recibía una dura reprimenda. Todas esas experiencias tienen un gran contenido emocional. Por lo tanto se graban "a fuego" en el mundo emocional, a una edad muy temprana. Así, durante el embarazo y puerperio, las emociones se "actualizan". Y una dura lucha emocional tiene lugar dentro de las mamás, y en muchos casos, también dentro de los papás. Las emociones de rechazo, unidas a las emociones de represión e indefensión, hacen esa etapa, ya difícil, aún más difícil.

Es importante conocer esta parte de las emociones de la mujer, y del hombre. Saber que forma parte de la naturaleza, que está poniendo todo su empeño en la "protección" de un nuevo ser. Y sobre todo la necesidad de "trabajar" esas emociones a consciencia, puesto que se constituyen en límites en la relación con los bebés. Todos sabemos que actuamos mejor cuando nos sentimos mejor, por lo tanto, si unas madres y padres, se sienten mejor, posiblemente establecerán un mejor vínculo con sus bebés, y comprenderán mejor las necesidades que se presentan en cada etapa de los primeros meses y años de vida...

Teresa Garcia
Psicologa clínica.